Ensayo de Lafcadio Hearn sobre el incienso -I-

inciensoVeo, surgiendo de la oscuridad, un loto en un jarrón. Apenas se entrevé el jarrón; pero se que es de bronce, y que sus vislumbradas asas son cuerpos de dragones. Sólo el loto está iluminado de lleno: tres puras flores blancas, y cinco grandes hojas de oro y verde -oro arriba, verde en la ensortijada superficie inferior-, un loto artificial. Está bañado por un sesgado haz de sol; la oscuridad, debajo y en torno, es el crepúsculo de la cámara de un templo. No veo la abertura a través de la que se vierte el resplandor; pero me doy cuenta de que es una pequeña ventana moldeada en forma de campana de templo.

La rozáon por la cual veo el loto -un recuerdo de mi primera visita a un santuario budista- es que ha llegado hasta mi un aroma a incienso. A menudo, cuando huelo incienso, esta visión sobreviene; y luego, de costumbre, otras sensaciones de mi primer día en Japón reviven en sucesión veloz con casi dolorosa agudeza. Sigue leyendo

Los siete principios del Bushido, la via del samurai

La fusión del Budismo y del Shintoismo permitió la creación del Bushido, la Vía del samurai. Se puede resumir esta Vía en siete puntos esenciales:

1. Gi: la decisión justa en la ecuanimidad, la actitud justa, la verdad. Cuando debemos morir, debemos morir.

2. Yu: la bravura teñida de heroísmo.

3. Jin: el amor universal, la benevolencia hacia la humanidad.

4. Rei: el comportamiento justo, que es un punto fundamental.

5. Makoto: la sinceridad total.

6. Melyo: el honor y la gloria.

7. Chugi: la devoción, la lealtad.

Estos son los siete principios del espíritu del Bushido. Bu: artes marciales. Shi: el guerrero. Do: la Vía.

La vía del samurai es imperativa y absoluta. La práctica, al venir del cuerpo a través del inconsciente, es fundamental en ella. De aquí la gran importancia dada a la educación del comportamiento justo.

Las influencias entre el Bushido y el Budismo han sido recíprocas. Pero el budismo ha marcado al Bushido en cinco aspectos:

a) El apaciguamiento de los sentimientos.

b) La obediencia tranquila de cara a lo inevitable.

c) El dominio de sí ante cualquier acontecimiento.

d) La intimidad más grande con la idea de la muerte que con la de la vida.

e) La pura pobreza.

Amaterasu y Susa-No-O

<——Sigue de “Izanagi da vida a nuevos dioses”

Al oír aquellos horribles sonidos que también subían hasta el Cielo, Amaterasu se preparo con su arco tenso y mil flechas en su carcaj, para recibir como se merecía a aquella desconocida visita que se anunciaba de tal manera. Cuando vio que el temido visitante no era otro que su hermano, la diosa desconfió de los motivos que le llevaran hasta su reino, pues recelaba que él quisiese hacerse con él. Susa-no-o hizo protestas de su buena voluntad y explico que lo único que deseaba era llegar hasta las profundidades de la tierra, para ver a su difunta madre, y que solo quería despedirse de su hermana querida antes de partir. Tras aquellas palabras, los hermanos hicieron un juramento y, de los trozos de la espada de Susa-no-o, Aamaterasu forjó tres diosas; por su parte, Susa-no-o tomo los prendedores de las trenzas de Amaterasu y con ellos dio forma a cinco dioses. Fue así como nacieron los ocho dioses fundadores de las grandes familias, siendo la Imperial una de ellas, precisamente la única salida del ceñidor de la trenza izquierda de Amaterasu. Pero Susa-no-o se sintió embriagado por el orgullo de haber sido capaz de crear mas dioses que su hermana, entregándose a una loca destrucción del reino de Amaterasu, hasta el punto que ella corrió a esconderse atemorizada, refugiándose en una cueva del cielo, tapando la entrada con una gran roca. Al desaparecer el Sol, el Japón se oscureció y los dioses celestes se alarmaron. Así que se reunieron en asamblea las  ochenta mil divinidades, tratando de solucionar la espantosa negrura, y encontraron la forma de hacer salir a Amaterasu de la cueva, disponiendo que la diosa Amano-uzume, divinidad del baile, se pusiera a danzar estruendosamente, mientras todos los dioses hablaban a voces y reian alborozados. Amaterasu, desde su escondite, no pudo evitar oir la alegria de aquella fiesta y quiso saber la causa de tal algarabia. Entonces le dijeron que lo hacían porque habían encontrado una nueva y mejor diosa que cualquiera de las conocidas. Curiosa, Amaterasu se asomó para ver a ese maravilloso ser, quedando deslumbrada por su reflejo en un espejo que habían apuntado hacia la entrada de la cueva sus compañeros divinos, entonces Ta-jikara-o, dios de la fuerza, la asió por el brazo mientras Futotama colocaba en la entrada de la cueva la red de soga de paja de arroz, el shimenawa tejido previsoramente, para impedir cualquier intento de regreso al refugio. Con Amaterasu fuera de la cueva rocosa del cielo, volvió la luz al Japón y la paz a los dioses.

——–>Sequirá en “Susa-no-o en la Tierra”

Izanami e Izanagi: Izanagi da vida a nuevos dioses

<—continua de “La huida del infierno”—

Terminada la trágica aventura del mundo subterraneo, Izanagi decidió que era hora de purificarse tras su contacto con los muertos y se fue hasta el rio Voto, en Tachibana, para sumergirse en sus aguas. De cada prenda que se quitó nació un nuevo dios, hasta completar una docena de divinidades tan diversas como la del final del camino, de los caminantes, de los enfermos, de las dudas, de la saciedad, de las playas, del oceano, de alta mar, de la resaca, de las costas lejanas, etc. Pero tambien, al bañarse en las aguas del Voto, la contaminacion del reino de los muertos se transformó en dos divinidades negativas, la de los ochenta males y la de los grandes males, a las que Izanagi respondió con la creacion de dos dioses benignos que reparan y purifican, aparte de otros seis dioses encargados de velar por el fondo, la parte media y la superficie del mar.

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Izanagi e Izanami: la huida del infierno

<——continua de “la ira de Izanagi”

Al grito de la indignada Izanami acudieron los espíritus infernales, pero el astuto Izanagi lanzó a tiempo su corona al suelo y ésta, milagrosamente, se transformó en un racimo de jugosas uvas, que los espíritus se detuvieron a recoger; después volvieron a correr tras él, pero Izanagi lanzó las púas que quedaban en su peine, que ahora se convirtieron en brotes de bambú tiernos, y los espíritus volvieron a detenerse, recogiéndolas con gulas; pero los brotes se acabaron y los espíritus siguieron en pos de Izanagi, ahora acompañados de los ocho dioses del trueno, al mando de una horda de mil quinientos demonios que la humillada Izanami, había mandado en auxilio de los estúpidos espíritus.

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Izanagi e Izanami: la ira de Izanagi

<—-Continuacion del post “Shinto: Izanagi e Izanami”

Al ver morir a su amada Izanami de aquella terrible manera, el marido divino echó a llorar desconsolado, pero las lagrimas del viudo Izanagi todavía servirían para dar vida a la diosa del llanto. Pasado aquel primer momento de desconsuelo, Izanagi se encolerizó con el hijo que fuera causa de la muerte de Izanami y le tajó la cabeza con su espada, dándole muerte al momento, pero haciendo también el doble prodigio de que su sangre diera vida a otras ocho nuevas divinidades, del fuego, de las rocas, triturador de las rocas, de la lluvia, del sol, del viento, de los valles, y que de los restos mortales de Kagutsuchi se  hiciera nacer a otras tantas nuevas divinidades de las montañas, protectoras de caminos, de laderas, del refugio, de la oscuridad, de los bosques, etc.

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Shinto: Izanagi e Izanami

Izanagi e Izanami descendieron un día a la superficie de la tierra, construyendo primero una columna celestial y, a su alrededor, un palacio. Después comenzaron a girar en sentido opuesto en torno a esa columna hasta encontrarse, pero Izanami dijo palabras de amor a su hermano en primer lugar, mientras giraban a su alrededor. Después, unidos ya los hermanos, engendraron un hijo, Hiru-ko, débil en demasía, que fue abandonado a las aguas en una balsa; después tuvieron una hija que tampoco les satisfizo y que convirtieron en la isla Awa que está en la costa de Osaka.

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