Amaterasu y Susa-No-O

<——Sigue de “Izanagi da vida a nuevos dioses”

Al oír aquellos horribles sonidos que también subían hasta el Cielo, Amaterasu se preparo con su arco tenso y mil flechas en su carcaj, para recibir como se merecía a aquella desconocida visita que se anunciaba de tal manera. Cuando vio que el temido visitante no era otro que su hermano, la diosa desconfió de los motivos que le llevaran hasta su reino, pues recelaba que él quisiese hacerse con él. Susa-no-o hizo protestas de su buena voluntad y explico que lo único que deseaba era llegar hasta las profundidades de la tierra, para ver a su difunta madre, y que solo quería despedirse de su hermana querida antes de partir. Tras aquellas palabras, los hermanos hicieron un juramento y, de los trozos de la espada de Susa-no-o, Aamaterasu forjó tres diosas; por su parte, Susa-no-o tomo los prendedores de las trenzas de Amaterasu y con ellos dio forma a cinco dioses. Fue así como nacieron los ocho dioses fundadores de las grandes familias, siendo la Imperial una de ellas, precisamente la única salida del ceñidor de la trenza izquierda de Amaterasu. Pero Susa-no-o se sintió embriagado por el orgullo de haber sido capaz de crear mas dioses que su hermana, entregándose a una loca destrucción del reino de Amaterasu, hasta el punto que ella corrió a esconderse atemorizada, refugiándose en una cueva del cielo, tapando la entrada con una gran roca. Al desaparecer el Sol, el Japón se oscureció y los dioses celestes se alarmaron. Así que se reunieron en asamblea las  ochenta mil divinidades, tratando de solucionar la espantosa negrura, y encontraron la forma de hacer salir a Amaterasu de la cueva, disponiendo que la diosa Amano-uzume, divinidad del baile, se pusiera a danzar estruendosamente, mientras todos los dioses hablaban a voces y reian alborozados. Amaterasu, desde su escondite, no pudo evitar oir la alegria de aquella fiesta y quiso saber la causa de tal algarabia. Entonces le dijeron que lo hacían porque habían encontrado una nueva y mejor diosa que cualquiera de las conocidas. Curiosa, Amaterasu se asomó para ver a ese maravilloso ser, quedando deslumbrada por su reflejo en un espejo que habían apuntado hacia la entrada de la cueva sus compañeros divinos, entonces Ta-jikara-o, dios de la fuerza, la asió por el brazo mientras Futotama colocaba en la entrada de la cueva la red de soga de paja de arroz, el shimenawa tejido previsoramente, para impedir cualquier intento de regreso al refugio. Con Amaterasu fuera de la cueva rocosa del cielo, volvió la luz al Japón y la paz a los dioses.

——–>Sequirá en “Susa-no-o en la Tierra”

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