Geishas, en peligro de extinción

ceremonie_the_geisha.jpgCada vez hay menos geishas en Kyoto. Se calcula que hoy en día apenas quedan unas cien en toda la ciudad y solo unas ochenta maiko (aprendices). Y su numero sigue disminuyendo. Al anochecer, se dirigen a sus lugares de trabajo en las casas de te mas exclusivas de Kyoto, en las que es prácticamente imposible entrar sin ser introducido por un cliente reconocido y respetado.

 

Una aureola de misterio ha envuelto siempre a las geishas, pero los tiempos modernos están acabando con parte del hechizo. De hecho, su oficio es una de las tradiciones japonesas que corre mayor peligro de extinción. La culpa es de la crisis económica que sacudió Japón en los años noventa y del cambio de sensibilidad social respecto a una carrera que comporta largos y duros años de aprendizaje desde la adolescencia, y que incluye danza, canto, y dominio de la ceremonia del té, del maquillaje y del vestido quimono tradicional, que puede pesar mas de diez kilos.

 

Precisamente son atuendos como los quimonos, que cuestan alrededor de 10.000 euros, los que provocan que las geishas acaben buscando financiadores. Una sesión con una geisha puede llegar a costar mas de 3.000 euros y, al contrario de lo que suele pensarse, no incluye relaciones sexuales. El alto precio motiva que muchos japoneses nunca hayan podido disfrutar de una velada con una geisha, que canta, sirve el té, y es capaz de fomentar cualquier conversación. La disciplina que requiere la formación ha provocado una crisis de vocaciones y muchas maiko abandonan a mitad de camino. Se calcula que no quedan mas de 1.500 geishas en todo Japón, cuando antes de la Segunda Guerra Mundial había casi cien veces mas.

 

250px-geisha_kyoto_gion.jpgEl maquillaje blanco en rostro y cuello es lo que distingue a las geishas que se pueden ver por Kyoto de las otras mujeres que, por razones diversas, se visten esporadicamente con quimono. Kyoto es la ciudad de las geishas por excelencia, pero en Tokyo también hay. Y, de hecho, Tokyo ha abierto la moda de sesiones abiertas a los turistas con geishas como forma de supervivencia y de rentabilizar la inversión de años en formación. Décadas atrás era casi imposible que un occidental pudiese llegar a estar presente en la actuación de una geisha, que reservaba sus servicios para los hombres de negocios que hablaban japones.

 

 

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